jueves, 21 de abril de 2016

El hombre y la mano invisible

Paul A. Cantor es un autor que, al parecer, está un poco obsesionado con la mano invisible. Al menos ha escrito un libro llamado The Invisible Hand in Popular Culture: Liberty and Authority in Americab Film and TV.

Existe un artículo de este autor llamado The Invisible Man and The Invisible Hand: H. G. Wells's Critique of Capitalism.

Ya solo con estos dos títulos un lector inteligente como vosotros entiende que Cantor es opuesto a la visión de H. G. Wells sobre la vida económica. Pero para centrar el debate, y para quienes no conozcan bien el tema de la mano invisible (también conocida como "los mercados libres de toda regulación gubernamental funcionan mejor que los mercados regulados por el Estado"), he de decir que la frase la acuñó Adam Smith, autor de La Riqueza de las Naciones (1776). El economista escocés solo incluyó esta frase una sola vez en un libro larguísimo de más de 600 páginas, lo que cual contradice mucho la importancia que se le ha dado durantes los casi dos siglos y cuarto que han pasado desde la publicación del libro (1776).

En el mundo político la palabra libertad tiene mucho que ver con la libertad de expresión, de opinión, de residencia, de libre circulación por todo el país, etc. En el mundo económico, la palabra libertad tiene que ver con la libertad de comercio, libertad de empresa, de libre circulación de mercaderías, etc. Seguramente me dejo muchas libertades en ambos temas, pero sinceramente no tengo ganas de mirar en internet, pues estas no son el objeto de este artículo.

En Estados Unidos, los políticos y economistas que hablan de la libertad son de derechas (o de extrema derecha). A los progresistas (principalmente del Partido Demócrata) no les interesa el tema desde el punto de vista que lo plantean los derechistas (todos están incluidos en el Partido Republicano).

Y ahora entremos de lleno en el tema que nos atañe. En el tema econonómico, dice Cantor, Wells es uno de los escritores mas influyentes del siglo XX. Hizo tanto como cualquier otro escritor para promocionar la teoría socialista y el Estado del Bienestar. Wells pensaba, según Cantor, que la única economía válidad era la economía dirigida o centralizada. La diferencia con otros proponentes de la economía dirigida es que el autor del Hombre Invisible pensaba firmemente que la economía debía estar dirigida por científicos, no por políticos. Vemos que a finales del siglo XIX había tanta desconfianza en los políticos como ahora, así que mejor no pensemos que lo hemos inventado todo. El economista y Premio Nobel Paul Krugman, asegura que todos los economistas vivos son rehén de algún otro fallecido. Pues seguramente, los ciudadanos romanos pensaban los mismo acerca de sus emprendedores. Es cierto que Wells quería una economía dirigida, pero también dirigieron economías centralizadas, y no eran científicos, entre otros, Lenin, Stalin, Mao Ze Dong, Hitler, Mussolini y Francisco Franco (Si, Franco también, pues era tan opuesto al liberalismo económico como Stalin. Durante su mandato se establecieron numerosas regulaciones en los mercados para beneficiar a algunos sectores productivos por encima de otros). Si viajas por algunos pueblos de Castilla, Andalucía o Extremadura aún podrás ver grandes silos de grano que mandó construir el viejo dictador y que servían para almacenar cereales y manejar el mercado de estos productos para que los precios no se desplomaran (también para que no subieran demasiado). Es indudable que Francisco Franco nunca leyó a Adam Smith.

En su libro de memorias (Experimento en autobiografía) Wells dijo que de joven leyó a Platón. Curiosamente, a Platón y a Wells se les ha llamado tanto comunistas como fascistas. ¡Extraña mezcla de epítetos! Platón proponía una sociedad dividida en tres castas sociales (yo lo visualizo como tres círculos concentricos): en el centro, los filósofos (en aquella época filósofo significaba sabio), en el círculo intermedio los guardianes del sistema, y todos los demás en el círculo externo, la chusma social, entre los que se encontraban los comerciantes (hoy serían los banqueros, los directivos de multinacionales, etc.). Platón tenía una gran aversión hacia el dinero y los comerciantes, pues pensaba que la única manera que tenía un ciudadano honrado de ganarse la vida es explotar su patrimonio (principalmente terrenos agrícolas trabajados por esclavos). Wells extrajo de toda este teoría platonista que los científicos (los filósofos de la época de Platón), y no los políticos, deberían dirigir la sociedad. Curiosamente, hay quién asegura que hoy en día, con la capacidad de los ordenadores, sería posible que una economía dirigida centralmente funcione correctamente. Recordemos que en la Unión Soviética los consumidores hacían largas colas para comprar artículos de consumo cotidianos, o que en las fábricas de camiones, por poner un ejemplo, se almacenaban miles de camiones durante meses porque la fábrica de radiadores tardaba meses en entregar los radiadores pedidos (o embargues, o cajas de cambio o cualquier otro componente del camión).

Pero volvamos al artículo de Cantor. Éste asegura que la novela El hombre invisible es la novela más política de Wells. En esencia, la novela cuenta como un científico loco llamado Griffin descubre la forma de hacerse invisible, y con el transcurso del tiempo, se vuelve megalomaníaco. Se dedica a cometer crímenes aprovechando su invisibilidad, empezando por los robos y siguiendo con asesinatos. Al final él mismo muere asesinado.

Según Cantor, Wells presenta a Griffin como un monstruo de egoísmo y la invisibilidad es como un mercado libre y descentralizado, peligrosamente caótico. Adam Smith aseguró, segun el primero, que el egoísmo de las personas, y no su generosidad, conduce a que la sociedad desarrolle todo su potencial económico hasta alcanzar el máximo progreso y el mejor estado de bienestar.

La novela empieza en la villa rural de Iping adonde llega Griffin desde la cosmopolita Londres. El hombre invisible muestra fajos de billetes, en un intento de corromper a los aldeanos.

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SIN TERMINAR